Panorámica del tito en las ruinasMAPA DE LA RUTA PASEITO MATASUEGRAS
 

Paseíto Matasuegras (20 kms)

Circular: Aucorsa, Vereda de Pedroche, Sto. Domingo, Los Villares, Vereda Sto. Domingo hasta Aucorsa (21-07-2012)

Romerillo en el pozo

Volvemos a nuestras rutas matutinas. Salimos desde la estación de Aucorsa en el polígono de Pedroches a las siete en punto de la mañana, de día, en una madrugada bastante fresca. La idea es recorrer uno de los senderos más bellos y desconocidos de nuestra sierra; la zona del arroyo Pedroches.
El tito pensó que podíamos preparar hoy una deliciosa ruta familiar para deleitar a los senderistas noveles. Descartamos para ello la ruta más escarpada a Santo Domingo que es la que asciende desde el Puente de Hierro por la ladera izquierda y pasa por el mirador de San José. Igualmente, rebasado el santuario de Santo Domingo, eliminamos también la opción de continuar por el camino diestro que asciende por los infernales cortafuegos hasta la pista de aterrizaje de los Villares. Con ello, sin mayor reflexión, convinimos en que suavizábamos completamente nuestra ruta, resultando apta para cualquier persona con poco o mínimo entrenamiento. Romerillo comentó entonces que aquella ruta podría hacerla hasta su suegra. ¡Craso error! Aquel que espere secretamente el mejor momento para deshacerse de ella, podrá plantearle ahora a su familia un “paseíto” por estos agradables parajes.

El tito en la fuente de Pedroches

No conozco las habilidades atléticas de vuestra querida madre política, pero de no ser comparables a las de la mismísima Catwoman o a las de nuestra Marta Domínguez, en sus mejores tiempos, sin duda no dispondrá del nivel requerido para recorrer sin incidencias la tortuosa ruta que acabamos realizando. (Siempre exagerando un poco).
Al Puente de Hierro son 2 kms. atravesando el arroyo y sus puentes de aquí para allá y de allá para aquí. Algún saltito por las rocas y vadear la cinta transportadora de la fábrica del cemento no deben suponer obstáculos insalvables.
La megalítica construcción del ferrocarril se pasa por debajo y unos metros más allá cruzaremos el arroyo girando a la derecha, para pasar bajo un dintel natural que nos dará acceso a un puentecito. Allí los letreros nos indican las dos rutas al santuario de Santo Domingo; la de la izquierda por el arroyo de su mismo nombre, que tomaremos de vuelta, y la de la derecha, que es la nuestra, siguiendo el arroyo Pedroches.
Los próximos kilómetros son los únicos que hacen justicia a la primera parte del título de nuestra ruta de hoy, un paseíto placentero por la sombrita en medio de la vegetación. Pasado el kilómetro tres llegamos a una profunda cueva excavada en la roca y unos metros más allá, bajo la arboleda, a una pequeña fuente que derrama sus frescas aguas a un pequeño canalillo, para deleite y disfrute del viandante. Hasta aquí podéis venir con los niños pequeños y con toda la familia, reposar un poco, beber agua y tomar la merienda, porque si nos damos la vuelta ahora serán unos siete kilómetros en total, despacito algo más de dos horas de camino, que para empezar está muy bien. Y habremos disfrutado de un buen rato de senderismo por alguno de los lugares más hermosos de Córdoba.
Pero también podremos poner en marcha un siniestro plan, tomen nota:
Dejaremos a los niños menores atrás para que se vuelvan con sus madres y continuaremos con nuestra querida suegra, tratando de disimular nuestra maligna sonrisa en los labios.
Durante los próximos 4 kms. podremos charlar despreocupadamente mientras circulamos por ambas márgenes del arroyo, entre frondosos paisajes, siguiendo los postes de señalización del pequeño sendero municipal. Unos metros antes del séptimo kilómetro se abre al fondo una explanada con las ruinas de una finca encima de un alto montículo. Subiremos por él ante la interrogante mirada de nuestra madre política, que no podrá creer que la queráis meter por allí. Será el momento de revelarle nuestro primer rencor. ¡Empieza lo bueno!
Tendremos que subir despacio por necesidad. Llegaremos arriba en primer lugar y sacaremos la cámara porque las fotos que saquemos desde la cima pueden resultar impactantes. Así como la panorámica de aquel enorme valle que nos rodea. Pronto empezarán las quejas y los recuerdos a algún pariente cercano, palabras que habremos de encajar con una sonrisa, pues llegados aquí, veremos que es imposible volver atrás, no se puede descender por donde hemos subido. Así que un pequeño descanso y seguimos adelante. Sólo tendremos unos pocos metros para recuperarnos porque enseguida, como a traición, comienza un pedregoso camino girando a nuestra siniestra, que pretenderá, de golpe, subirnos a lo alto de aquella montaña.
Entonces empieza a empinarse un estrecho y cerrado camino entre los matorrales, como un túnel sin escapatoria posible. La subida es cada vez más pronunciada, apenas podremos poner un pie delante del otro. La abuela de nuestros hijos deberá aquí exhibir todas las destrezas que exigiremos a nuestra Marta Domínguez en las olimpiadas.
La cuesta son cuatrocientos metros mal contados, pero, os aseguro que se os quedará grabada en la memoria para siempre. La temible subida nos deposita en una meseta como si hubiéramos ascendido por una escalera mecánica, desde donde aparece por fin el remoto santuario. Tras esperar a que lleguen todos arriba y comprobar que estén bien -vivos al menos- tras recuperar mínimamente el aliento perdido, saldremos por la derecha como nos recuerda el poste del sendero, girando luego hacia abajo a la izquierda, hasta el mismo pie del santuario. Son las 8,40 h. y llevamos algo más de 8 kms. en este momento. Aunque empezara a recelar mucho antes, en este momento ella ya se habrá dado cuenta de todo; cuidado.
Una dura rampa de cemento asciende hasta el recinto, pero a no ser que la doña pretenda allí echar unos rezos, nosotros seguiremos por la derecha y en la inmediata bifurcación por el camino de la izquierda, para pasar por un lado la primera valla. A los 500 mts. encontraremos otra más difícil de pasar, pero si mal no recuerdo, eran los 3.000 obstáculos la prueba de la gran Marta, así que no tendremos ni que darle la mano, un saltito y fuera.
Unos pocos metros más allá, de frente, dejaremos el camino por donde volveremos -el que vuelva- para girar a la izquierda ya decididamente hacia arriba. El próximo kilómetro volverá a ponernos a prueba. Se trata de una fuerte subida en espiral por un seco reguero de piedrecillas con un surco en medio, por donde deben escurrir las aguas los días de lluvia.
El desnivel no es tan cruel como el anterior, pero el ascenso es mucho más largo. Romerillo se plantó arriba con la moto en un plis-plás pero el tito subió despacito, como acompañando a la suegra, porque las fuerzas estaban muy justas. La maldita cuesta corona al lado mismo de la carretera del 14% a los Villares. Pudimos parar allí, en unos peñascos, para tomarnos la fruta y pensar por dónde volvernos, pero el sobrino creyó que aún era pronto, decidiendo entonces sobre la marcha, en el mismo cruce de la carretera que lleva al Lagar de la Cruz, descender por una exigua vereda que se adentra por territorio nunca explorado y que se pierde por las profundidades. Con la esperanza de que nos llevara de nuevo a la base de aquella montaña.
Pronto lamentamos nuestra decisión. El camino descendía abruptamente por un estrecho tobogán de piedras y arenisca como en el otro lado, pero mucho más abruptamente. Tramo concebido para las cabras más que para el ser humano. Aquí, si nuestra suegra nos acompaña aún, podremos librarnos de ella fácilmente y terminar el trabajo empezado por las ruinas.
En estos momentos lamentaremos no haber cambiado aún de zapatillas, pues nuestro plan de austeridad ha dejado las suelas Vibram como papel de fumar. Tendremos que bajar pasito a pasito con mucho cuidado, pisando el terreno más firme, y bien separados unos de otros.
También por aquí nuestra dilecta suegra deberá trocar sus poderes de atleta por los de heroína legendaria. Enfundarse su negro maillot de Chica-Gato, con orejitas y todo y emular las hazañas de la guapa Michelle Pfeiffer o de la despampanante Halle Berry.
Medio kilómetro después, si no se ha escurrido hasta abajo o no le hemos empujado todavía, habremos perdido la oportunidad, porque afortunadamente el desnivel comienza a decrecer y podemos empezar a relajarnos, cambiando el estrecho tobogán por una ancha y hermosa vereda entre abundante vegetación que nos dejará, como deseábamos, en la base del puerto.
Ya de vuelta tendremos que pasar las dos vallas hasta llegar de nuevo al santuario. Los que hayan consumado su plan tendrán que subir aquella rampa de cemento para pedir por su alma, los que no, mejor olvidarse de ello. El camino de regreso lo haremos por el arroyo de Santo Domingo, sendero entre la cuesta de cemento y el que descendimos esta mañana.
Hicimos la parada un kilómetro más allá, bajo la sombra de una vieja obra abandonada, a los 14 kms. y más de tres horas de camino, cuando a don Alonso le pareció que ya era hora de sentarnos, de comernos una frutita y, si cabe, echar unas lágrimas por lo que dejábamos atrás.
El tramo de 4 kms. que conduce hasta el Puente de Hierro por este lado es tan espectacular como el del otro lado o más. Aunque éste suele estar frecuentado por los chicos del mountain bike, por lo que conviene estar alerta para apartarse en el momento preciso. Ya sabéis, será el último cartucho en nuestra recámara para culminar nuestro plan. Conviene apretar el paso y retomar el ritmo perdido, para que no nos alcance el calor extremo del mediodía. Deprisa, como perseguidos de la justicia. Aunque no será ésta una ruta de records, pues, como hemos visto, el trazado es sumamente complicado en algunos tramos.
Tras las últimas miradas al enorme puente oxidado, sabemos que sólo nos restan un par de kilómetros para llegar, que pasan volando. Al entrar en la ciudad, espero que nos disculpen, no hubo fotos, por el debido respeto. Esta fantástica ruta, corta pero intensa, como el dolor del viudo que dejábamos en el padre de nuestra señora, dejará una indeleble huella en nuestra memoria. Esperemos que muy positiva.
Que ustedes se diviertan como nosotros.
¡Buen Camino!

POSTDATA: No olvidar escribir finalmente sobre el mármol el más cariñoso epitafio:

"Señor, recíbela con la misma alegría con la que que yo te la envío."

Documentos adjuntos a esta publicación
Romerillo en el puente del arroyo PedrochesEl tito en la fuenteRomerillo en la cuevaEl tito en el montículoRomerillo subiendo por las ruinasRomerillo en las ruinas 2El descanso de RomerilloEl tito marchando con su gorro de peregrinoRomerillo sobre los troncosRomerillo en el puente de paloEl tito con los caballosRomerillo en el Puente HierroEl tito y el potro
 
Copyright VEREDAS CORDOBESAS
Psje. Jose Manuel Rodriguez Lopez 6 | 14005 Córdoba · España
info@veredascordobesas.com
Diseña y desarrolla
Xperimenta eConsulting